voces atareadas

Leopoldo María Panero

¿Cómo es el manicomio?

El puto infierno. El asunto del veneno empezó en Mondragón, pero lo de Inglod es peor. Me han dado toneladas de haloperidol y todavía no he muerto. Lo de Rasputín fue una noche y a puerta cerrada; lo mío va para 20 años y es a la luz del día: el diario de un hombre infinitamente envenenado. España es la que está loca, no yo.

¿Cómo se hizo poeta?
A los cinco años. Mis padres estaban aterrados. El poema decía: “Mi corazón temblaba y no era un sueño / fueron muriendo todos los soldados de la guardia del rey / y mi corazón seguía
temblando”.

Entrevista a Leopoldo María Panero

Miguel Mora/Jesús Ruiz Mantilla

El País, 09 AGO 2005

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García Calvo y el bosón de Higgs

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Haciendo uso de razonamientos de estética filosófica, o algo así, el profesor Agustín García Calvo menosprecia el posible hallazgo del bosón de Higgs. Aunque sea curioso el uso que hace de su derecho a opinar lo que se le ocurra con argumentos pintorescos, considero inquietante que sostenga que algunas conquistas de la ciencia (de su artículo quizá podría deducirse que todas) sirvan para saciar la “necesidad de fe y diversión”. Esas intenciones las tienen otros, no los científicos. La pose supuestamente sublime de desdén hacia la ciencia la suelen ostentar, aparte de los que les atrae el siniestro poder que da la religión, aquellos intelectuales incapaces de desarrollar la creatividad del arte, la fuerza de la literatura o el portentoso desafío de escudriñar científicamente la intimidad de naturaleza. O sea, aquellos que se encuentran a gusto instalados permanentemente en la más absoluta irrelevancia.

Manuel Lozano Leyva

El País, 19 JUL 2012

American beauty

Supongo que podría estar bastante cabreado con lo que me pasó, pero cuesta seguir enfadado cuando hay tanta belleza en el mundo. A veces siento como si la contemplase toda a la vez… y me abruma. Mi corazón se hincha como un globo que está a punto de estallar. Pero recuerdo que debo relajarme y no aferrarme demasiado a ella y entonces fluye a través de mi como la lluvia y no siento otra cosa que gratitud por cada instante de mi estúpida e insignificante vida. No tienen ni idea de lo que les hablo. Seguro. Pero no se preocupen. Algún día la tendrán. 

Nosotros destruimos y construimos sin problemas”, me dijo Hans Stimann, director de desarrollo de berlín. El coordinador del plan urbanístico en el que crecieron los edificios de Rossi, Piano, Gehry y Foster es un apasionado de la ruptura: “para nosotros la historia es algo que se conoce en la Toscana. En nuestras calles, una iglesia gótica parece el regalo de un millonario estadounidense”. Hace unos meses, Stimann impartió una conferencia en el Colegio de Arquitectos de Barcelona. Con mirada encendida le dijo al público: “ustedes son demasiado conservadores; su ciudad es una acumulación de pasados; no entienden lo que es construir y destruir y construir”. Stimann hablaba como si las ciudades fueran un apasionante juego lego.

El trabajo

Rajoy tiene la respuesta: “El trabajo”. “Dedicar toda una vida al esfuerzo de saber más y más sin necesitar estímulos, sin esperar recompensas”. Y para ello no duda en ofrecer sencillos ejemplos que vienen a refrendar sus tesis: “Estaba yo en el salón de mi casa, con un buen puro, cuando vi a Hinault en una etapa del Tour y me fijé en cómo apretaba las mandíbulas para coronar aquél Mont Ventoux, y me dije: así es como hay que trabajar, sí señor: hay que apretar los dientes para conseguir lo que se quiere”. Y añade: “Pero vamos, cuando digo Mont Ventoux, digo el Col de la Madeleine, el Tourmalet o el Alpe d’Huez. Y digo Hinault, pero puedo decir Armstrong o, mejor, Induráin o Contador”.

“Cómo basé mi triunfo en el trabajo duro, por Mariano Rajoy”

Borja Roig de la Bellacasa

El País, 15 AGO 2010

Il mio supplizio

è quando

non mi credo

in armonia.

Ungaretti, I Fiumi

Patricia Urquiola

¿Ésa es su idea del diseño? ¿No cuentan las demandas del público?

La opinión del público es una gran mentira. No se trabaja pensando qué silla necesita el público porque, entre otras cosas, el público no necesita más sillas. Mi cliente soy yo, el único cliente que conozco verdaderamente. Y ya habrá otros como yo.

Entrevista a Patricia Urquiola

Anatxu Zabalbeascoa

El País Semanal, 29 MAY 2005

Cino Zucchi

Si vieras a Nureyev bailando, si lo hubieras visto en su mejor momento y no ahora, si entonces lo hubieras entrevistado tras una representación, hubieras visto a un hombre agotado, roto, sudoroso. Y cinco minutos antes, durante la función, hubieras podido comprobar cómo Nureyev volaba.

Entrevista a Cino Zucchi

Anatxu Zabalbeascoa

El País, 05 ENE 2008

Un mapa para perderse

Los viajes de iniciación suelen depender de un azar profundo, una fuerza al margen de la voluntad del desplazado. Robinson Crusoe desobedece a sus padres y sube al barco que lo pondrá a prueba; el mar le otorga otra identidad, cubriéndolo con gruesas olas al modo de un bautizo. El descastado cae al agua; junto a él, flotan dos zapatos que no hacen juego. Este detalle nimio le revela su nueva condición: es un náufrago.

En tiempos del turismo en masa resulta difícil someterse a un desplazamiento tan severo como el de Crusoe. El viajero contemporáneo debe buscar modos más sutiles de ser modificado por su errancia. A los 21 años, poco antes de partir a Europa, Julio Ramón Ribeyro escribió en su diario: “Sólo ansío viajar. Cambiar de panorama. Irme donde nadie me conozca. Aquí ya soy definitivamente como han querido que sea”. La tentación del viaje: ser otro en otras circunstancias. Para Ribeyro, permanecer en el país significaba reiterarse como la peor de las costumbres. A lo largo de las décadas descubrió el paradójico sentido de sus Wanderjahre; en el aprendizaje en movimiento, encontró una significativa manera de volver a casa. Curtido por la soledad, Robinson aguarda el punto en el horizonte que se convierta en un barco de rescate. De modo equivalente, después de su Odisea en pensiones de mala muerte y embajadas de elegante intriga, Ribeyro entendió que el exilio le había servido para regresar a Perú como un náufrago que recupera tierra firme. Sin acudir a los trabajos del océano, los viajeros sutiles encuentran nuevas formas de asignarse tempestades.

Juan Villoro

Somos la hoja

Construimos un mundo de gigantes, de grandes proyectos, de obras interminables. Nos educan para conseguir muchas cosas, reunirlas, ordenarlas una y otra vez y no dejar que escapen.

Nos dicen que somos el árbol, que necesita sus raíces, su tronco, sus ramas y todas sus partes juntas y en el mismo sitio. Necesitamos mil problemas y pensamientos. Estamos hechos de miedo a la pérdida. Muchas ramas por controlar, tantos objetivos por lograr.

Tranquilos, no somos el árbol, ni grandes o fuertes, tampoco necesitamos todo eso que nos han dicho para lograr el éxito. No podemos encontrar fuera sin antes buscar dentro. Somos la hoja, que cambia con las estaciones, que es pequeña, pero libre, que no sabe dónde va, hasta que se lo dice el viento.

Cada sonido, el silencio, tu música, cada despertar, un beso, estas palabras, otro segundo y este instante de vida, único y perfecto.

Diego Gavilán Martín

El País, 15 OCT 2013