voces atareadas

Categoría: Novela

Un mapa para perderse

Los viajes de iniciación suelen depender de un azar profundo, una fuerza al margen de la voluntad del desplazado. Robinson Crusoe desobedece a sus padres y sube al barco que lo pondrá a prueba; el mar le otorga otra identidad, cubriéndolo con gruesas olas al modo de un bautizo. El descastado cae al agua; junto a él, flotan dos zapatos que no hacen juego. Este detalle nimio le revela su nueva condición: es un náufrago.

En tiempos del turismo en masa resulta difícil someterse a un desplazamiento tan severo como el de Crusoe. El viajero contemporáneo debe buscar modos más sutiles de ser modificado por su errancia. A los 21 años, poco antes de partir a Europa, Julio Ramón Ribeyro escribió en su diario: “Sólo ansío viajar. Cambiar de panorama. Irme donde nadie me conozca. Aquí ya soy definitivamente como han querido que sea”. La tentación del viaje: ser otro en otras circunstancias. Para Ribeyro, permanecer en el país significaba reiterarse como la peor de las costumbres. A lo largo de las décadas descubrió el paradójico sentido de sus Wanderjahre; en el aprendizaje en movimiento, encontró una significativa manera de volver a casa. Curtido por la soledad, Robinson aguarda el punto en el horizonte que se convierta en un barco de rescate. De modo equivalente, después de su Odisea en pensiones de mala muerte y embajadas de elegante intriga, Ribeyro entendió que el exilio le había servido para regresar a Perú como un náufrago que recupera tierra firme. Sin acudir a los trabajos del océano, los viajeros sutiles encuentran nuevas formas de asignarse tempestades.

Juan Villoro

Anuncios

Exploradores del abismo

Porque mis constantes vitales de esta mañana son el sol que saluda los despertares, el descubrimiento del placer de ser cortés, la revelación algo tardía de que todo es excepcional, el despliegue de gentileza en el trato a las personas, la impresión de vivir en plena tempestad de calma, la gestión de la herencia literaria del antiguo ocupante de mi cuerpo, el abordaje suave de una lógica espartana del trabajo, la utilización de la ironía templada como rasgo de elegancia, de timida felicidad, en definitiva.

Enrique Vila-Matas