voces atareadas

Categoría: Otras voces

García Calvo y el bosón de Higgs

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Haciendo uso de razonamientos de estética filosófica, o algo así, el profesor Agustín García Calvo menosprecia el posible hallazgo del bosón de Higgs. Aunque sea curioso el uso que hace de su derecho a opinar lo que se le ocurra con argumentos pintorescos, considero inquietante que sostenga que algunas conquistas de la ciencia (de su artículo quizá podría deducirse que todas) sirvan para saciar la “necesidad de fe y diversión”. Esas intenciones las tienen otros, no los científicos. La pose supuestamente sublime de desdén hacia la ciencia la suelen ostentar, aparte de los que les atrae el siniestro poder que da la religión, aquellos intelectuales incapaces de desarrollar la creatividad del arte, la fuerza de la literatura o el portentoso desafío de escudriñar científicamente la intimidad de naturaleza. O sea, aquellos que se encuentran a gusto instalados permanentemente en la más absoluta irrelevancia.

Manuel Lozano Leyva

El País, 19 JUL 2012

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American beauty

Supongo que podría estar bastante cabreado con lo que me pasó, pero cuesta seguir enfadado cuando hay tanta belleza en el mundo. A veces siento como si la contemplase toda a la vez… y me abruma. Mi corazón se hincha como un globo que está a punto de estallar. Pero recuerdo que debo relajarme y no aferrarme demasiado a ella y entonces fluye a través de mi como la lluvia y no siento otra cosa que gratitud por cada instante de mi estúpida e insignificante vida. No tienen ni idea de lo que les hablo. Seguro. Pero no se preocupen. Algún día la tendrán. 

Nosotros destruimos y construimos sin problemas”, me dijo Hans Stimann, director de desarrollo de berlín. El coordinador del plan urbanístico en el que crecieron los edificios de Rossi, Piano, Gehry y Foster es un apasionado de la ruptura: “para nosotros la historia es algo que se conoce en la Toscana. En nuestras calles, una iglesia gótica parece el regalo de un millonario estadounidense”. Hace unos meses, Stimann impartió una conferencia en el Colegio de Arquitectos de Barcelona. Con mirada encendida le dijo al público: “ustedes son demasiado conservadores; su ciudad es una acumulación de pasados; no entienden lo que es construir y destruir y construir”. Stimann hablaba como si las ciudades fueran un apasionante juego lego.

El trabajo

Rajoy tiene la respuesta: “El trabajo”. “Dedicar toda una vida al esfuerzo de saber más y más sin necesitar estímulos, sin esperar recompensas”. Y para ello no duda en ofrecer sencillos ejemplos que vienen a refrendar sus tesis: “Estaba yo en el salón de mi casa, con un buen puro, cuando vi a Hinault en una etapa del Tour y me fijé en cómo apretaba las mandíbulas para coronar aquél Mont Ventoux, y me dije: así es como hay que trabajar, sí señor: hay que apretar los dientes para conseguir lo que se quiere”. Y añade: “Pero vamos, cuando digo Mont Ventoux, digo el Col de la Madeleine, el Tourmalet o el Alpe d’Huez. Y digo Hinault, pero puedo decir Armstrong o, mejor, Induráin o Contador”.

“Cómo basé mi triunfo en el trabajo duro, por Mariano Rajoy”

Borja Roig de la Bellacasa

El País, 15 AGO 2010

Il mio supplizio

è quando

non mi credo

in armonia.

Ungaretti, I Fiumi

Somos la hoja

Construimos un mundo de gigantes, de grandes proyectos, de obras interminables. Nos educan para conseguir muchas cosas, reunirlas, ordenarlas una y otra vez y no dejar que escapen.

Nos dicen que somos el árbol, que necesita sus raíces, su tronco, sus ramas y todas sus partes juntas y en el mismo sitio. Necesitamos mil problemas y pensamientos. Estamos hechos de miedo a la pérdida. Muchas ramas por controlar, tantos objetivos por lograr.

Tranquilos, no somos el árbol, ni grandes o fuertes, tampoco necesitamos todo eso que nos han dicho para lograr el éxito. No podemos encontrar fuera sin antes buscar dentro. Somos la hoja, que cambia con las estaciones, que es pequeña, pero libre, que no sabe dónde va, hasta que se lo dice el viento.

Cada sonido, el silencio, tu música, cada despertar, un beso, estas palabras, otro segundo y este instante de vida, único y perfecto.

Diego Gavilán Martín

El País, 15 OCT 2013

Cicatrices

Los grandes desafíos en el vínculo de las personas con el mundo los hemos proyectado en el campo de lo que hemos llamado la ingeniería. No es difícil entender la etimología de la palabra. Y casi todos los grandes desafíos, dejando a un lado aquellos que solamente ansían llegar donde no se ha llegado antes, han tenido siempre como meta acercarnos unos a otros.

Los grandes desafíos se han trazado así como líneas, y como líneas que han sido, han tenido siempre una dirección y dos sentidos. El sentido de vuelta, curiosamente, supone mayor dificultad. Si a los grandes talentos se les reconoce porque se mantienen después de haber llegado, los grandes ingenieros son aquellos que saben cómo volver, y cómo hacer más fácil la ida en el segundo intento.

Pero lo que es más importante es que esos caminos se entienden, en el principio del principio, como una raya esbozada en un plano, líneas de fuerza cargadas de intención. Dejan huellas en la memoria del territorio y condicionan a aquellas que vienen después. Daniel Libeskind contó que las anduvo buscando sobre el terreno de su segundo museo alemán en bibliotecas y archivos municipales. Dijo que la intuición de una línea le hizo trazar una pasarela en un punto exacto de la parcela, y que en el desmonte de los cimientos descubrió allí un puente antiguo, bajo el que él había proyectado. Las líneas de fuerza cicatrizan sobre el territorio.

La cosa empezó así

Se han escrito muchas maneras trascendentes de empezar una novela, o el principio de una trama, y todas ellas tienen en común la virtud de encerrar el argumento entero de lo que se dirá después. Encontrar un buen principio es como disparar un arma, o más bien como aproximarse al momento anterior al disparo, cuando la concentración de muchas circunstancias conduce a un estado de presión insoportable que hace inevitable la descarga, de cuyas consecuencias pocas previsiones pueden avanzarse. Una de ellas es de Albet Camus en “El extranjero”, que dice: “Hoy mamá ha muerto”. O esa más sosegada (supuestamente) de Marcel Proust en su “Recherche”: “Durante mucho tiempo, me acosté temprano”.

De entre todas, mi preferida, de momento y por razones obvias, corresponde a Louis-Ferdinand Céline, que al comienzo de su “Viaje al fin de la noche” dice: “Ça a commencé comme ça”; esto es, “La cosa empezó así”.

Y en esas estamos