voces atareadas

Cicatrices

Los grandes desafíos en el vínculo de las personas con el mundo los hemos proyectado en el campo de lo que hemos llamado la ingeniería. No es difícil entender la etimología de la palabra. Y casi todos los grandes desafíos, dejando a un lado aquellos que solamente ansían llegar donde no se ha llegado antes, han tenido siempre como meta acercarnos unos a otros.

Los grandes desafíos se han trazado así como líneas, y como líneas que han sido, han tenido siempre una dirección y dos sentidos. El sentido de vuelta, curiosamente, supone mayor dificultad. Si a los grandes talentos se les reconoce porque se mantienen después de haber llegado, los grandes ingenieros son aquellos que saben cómo volver, y cómo hacer más fácil la ida en el segundo intento.

Pero lo que es más importante es que esos caminos se entienden, en el principio del principio, como una raya esbozada en un plano, líneas de fuerza cargadas de intención. Dejan huellas en la memoria del territorio y condicionan a aquellas que vienen después. Daniel Libeskind contó que las anduvo buscando sobre el terreno de su segundo museo alemán en bibliotecas y archivos municipales. Dijo que la intuición de una línea le hizo trazar una pasarela en un punto exacto de la parcela, y que en el desmonte de los cimientos descubrió allí un puente antiguo, bajo el que él había proyectado. Las líneas de fuerza cicatrizan sobre el territorio.

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Juan Tamariz

¿Es rentable vivir de hacer trampas?

El mago nunca hace trampa. Es el único ser de la humanidad que no puede engañar. Porque si yo empiezo avisando de que lo que voy a hacer no va a ser verdad, ya no puedo engañar. Por tanto, no engañamos.

O sea que es usted capaz de jugar limpio.

Bueno, hay veces que me ducho antes de jugar, si ésa es la pregunta.

Entrevista a Juan Tamariz

Karmentxu Marín

El País, 01 JUN 2008

Exploradores del abismo

Porque mis constantes vitales de esta mañana son el sol que saluda los despertares, el descubrimiento del placer de ser cortés, la revelación algo tardía de que todo es excepcional, el despliegue de gentileza en el trato a las personas, la impresión de vivir en plena tempestad de calma, la gestión de la herencia literaria del antiguo ocupante de mi cuerpo, el abordaje suave de una lógica espartana del trabajo, la utilización de la ironía templada como rasgo de elegancia, de timida felicidad, en definitiva.

Enrique Vila-Matas

La cosa empezó así

Se han escrito muchas maneras trascendentes de empezar una novela, o el principio de una trama, y todas ellas tienen en común la virtud de encerrar el argumento entero de lo que se dirá después. Encontrar un buen principio es como disparar un arma, o más bien como aproximarse al momento anterior al disparo, cuando la concentración de muchas circunstancias conduce a un estado de presión insoportable que hace inevitable la descarga, de cuyas consecuencias pocas previsiones pueden avanzarse. Una de ellas es de Albet Camus en “El extranjero”, que dice: “Hoy mamá ha muerto”. O esa más sosegada (supuestamente) de Marcel Proust en su “Recherche”: “Durante mucho tiempo, me acosté temprano”.

De entre todas, mi preferida, de momento y por razones obvias, corresponde a Louis-Ferdinand Céline, que al comienzo de su “Viaje al fin de la noche” dice: “Ça a commencé comme ça”; esto es, “La cosa empezó así”.

Y en esas estamos